No vimos un local. Vimos una vivienda.
A primera vista parecía una antigua academia de idiomas: pequeñas aulas, espacios compartimentados y una distribución pensada para enseñar.
Pero nosotros no vimos una academia.
Vimos una vivienda con mucho más potencial del que dejaba entrever.
La primera decisión fue replantear completamente la distribución. Eliminamos barreras innecesarias para que la luz pudiera recorrer la vivienda y para que las estancias empezaran a relacionarse entre sí. El nuevo salón se convirtió en el centro de la casa, un espacio pensado para convivir, descansar y recibir.
La elección de materiales también respondía a una intención clara. Una base luminosa potenciaba la amplitud del conjunto, mientras que la madera y los detalles arquitectónicos aportaban la calidez necesaria para que el espacio dejara de sentirse como un antiguo local y empezara a sentirse como un hogar.
Porque transformar un inmueble no consiste únicamente en cambiar paredes.
Consiste en descubrir todo aquello que el espacio todavía no había tenido la oportunidad de ser.







