El bosque no decidió esta casa
Cuando una vivienda está rodeada de naturaleza, muchas personas esperan encontrar el mismo resultado: madera envejecida, piedra y una estética rústica.
Pero el entorno no debería decidir cómo es una casa.
Las personas que viven en ella sí.
Ese fue el punto de partida de este proyecto.
El objetivo era crear una vivienda elegante y contemporánea que dialogara con el bosque sin recurrir a los códigos habituales. La arquitectura debía convivir con el paisaje, pero también reflejar la personalidad de quienes la habitaban.
La decisión más importante no fue estética.
Fue funcional.
El salón se diseñó para transformarse según el momento. Cuando la familia quería compartir el día a día, el espacio se abría para conectar las distintas estancias. Cuando llegaban invitados o buscaban mayor intimidad, podía independizarse sin perder amplitud ni continuidad visual.
Los tonos negros, la carpintería blanca y los detalles cuidadosamente seleccionados ayudan a reforzar esa sensación de calma y sofisticación, convirtiendo la vivienda en una pieza con identidad propia en lugar de un espacio condicionado por su ubicación.
Porque una casa no debería parecerse al lugar donde está construida.
Debería parecerse a las personas que la viven.
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